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El presente legado de Radio Swan


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Foto: Granma

Granma

4 de Septiembre 2019

Por: Jorge Wejebe Cobo

La Isla Swan, perteneciente al territorio de Honduras, por su cercanía con la Mayor de las Antillas, perdió su encanto en 1960 como lugar paradisiaco del mar Caribe, cuando a sus costas arribaron soldados estadounidenses, quienes manejando maquinaria pesada removieron la vegetación virgen para construir una pista de aviación, edificaciones y un muelle.

Aquellos intrusos tenían la misión de garantizar el funcionamiento de una emisora de radio de la cia, dirigida contra Cuba bajo los nombres de «Radio Swan» y «Radio Américas», que funcionó desde mayo de 1960 hasta 1968 bajo esas denominaciones. 

Así tomó impulso la guerra radial de la Agencia Central de Inteligencia yanqui, de acuerdo con el primer plan de acciones encubiertas contra Cuba, aprobado por el entonces presidente Dwight Eisenhower, que contemplaba, entre otros objetivos, crear una oposición interna y erosionar el apoyo popular a la Revolución con una campaña de propaganda, la apertura de la emisora y la preparación de la invasión de Playa Girón. 

Para dirigir Radio Swan, el entonces director de la cia, Allen Dulles, escogió al oficial David Atlee Phillips, de 38 años, con un pasado destacado en tareas de propaganda durante el derrocamiento en 1954 del presidente nacionalista guatemalteco Jacobo Arbenz.

El directivo de la cia se radicó en la Estación cia de Miami, desde donde coordinaba el desempeño de la emisora, que funcionaba como repetidora de falsos despachos elaborados por personal de la agencia, y que el pequeño equipo de locutores replicaba disciplinadamente, sin ninguna línea editorial ni análisis propios. Además fue usada para transmitir en clave instrucciones a las bandas de alzados en Cuba y organizaciones terroristas.

Durante los días de la invasión a Playa Girón, la estación estableció un récord de mentiras difícil de superar, al transmitir la presunta toma por los invasores de la entonces Isla de Pinos y el Puerto de Bayamo y ataques a la playa de Guanabo. Incluso transmitió el avance imparable de las fuerzas mercenarias en el propio momento en que la televisión cubana mostraba  imágenes de los derrotados y desmoralizados  invasores escoltados por los milicianos.

Sórdida alianza

David Atlee Phillips, no obstante, cosechó el éxito al crear una red de emisoras controladas y sufragadas por la agencia, aunque salían al éter como voceras de organizaciones «opositoras en el exilio», que coreaban las campañas promovidas por el Gobierno estadounidense y sus órganos oficiales como La Voz de las Américas.               

Pero al parecer, Phillps simultaneó la conducción de la guerra radial contra Cuba, con otras sórdidas misiones relacionadas con el asesinato del presidente John F. Kennedy, trama en la cual apareció como el oficial de la cia encargado de atender como agente al presunto magnicida Lee Harvey Oswald E, inclusive, se le achacó el haber entregado un fusil a un francotirador que disparó contra el mandatario.

Esas acusaciones las realizó un aliado de la  Agencia Central de Inteligencia, Sam Giancama, exjefe de la mafia en Chicago, participante en las conspiraciones entre la agencia y el crimen organizado, para derrocar y asesinar al líder Fidel Castro, y quien estaba envuelto hasta el cuello en el magnicidio de Dallas.

Giancama fue baleado en 1975 en su domicilio en ee. uu. por un asesino desconocido, quien evitó su comparecencia ante la llamada comisión Church, la cual llevaba el nombre del senador que dirigía la investigación sobre las acciones ilegales de la cia.

Esas sórdidas alianzas entre la mafia, la central de inteligencia yanqui y la contrarrevolución cubana, presidieron desde el inicio las campañas radiales y mediáticas contra Cuba.

Cambios importantes ocurrieron entre 1985 y 1990, con la creación de las mal llamadas Radio y TV Martí, subordinadas al sistema de transmisiones oficiales de Estados Unidos, lo que significó un espaldarazo a los sectores más reaccionarios y a su retórica fundamentalista.

Corrección imposible

Con la promulgación en 1996 de la Ley Helms-Burton, la política anticubana tomó un renovado impulso. En el difícil contexto de la desaparición de la URSS y la caída del campo socialista, la mafia cubano-americana proclamó, por sus medios de Miami, la consigna de «licencia para matar» a los revolucionarios, ante la presunta derrota del Gobierno Revolucionario, sin que esos llamados levantaran la menor repulsa, entre las instituciones de la denominada gran prensa libre en EE.UU.

Pero cuando la propaganda equivoca el blanco y afecta los intereses estadounidenses, la historia es otra. Así ocurrió el pasado año con un reportaje de la radio y tv subversivas, que incluyó comentarios antisemitas sobre el multimillonario George Soros, principal apoyo económico y estratega de las pronorteamericanas «revoluciones de colores».

Este incidente provocó una auditoría a la línea editorial de esos medios, por un panel de cinco expertos contratados por la Agencia de Estados Unidos para Medios Globales, que en 2018 adjudicó 29 millones de dólares para el funcionamiento de esos órganos.

En mayo pasado se divulgaron los resultados de la revisión y en el informe final el panel concluyó que, en esos medios se produce tanto «mal periodismo», como «propaganda ineficaz», que «no proporciona contexto y se cruza en la defensa estridente de las causas disidentes cubanas de línea dura», entre otras fuertes críticas que vinieron a ratificar las reiteradas denuncias de Cuba a lo largo de casi 60 años.

También los expertos aportaron un grupo de propuestas para lograr una línea informativa equilibrada, misión imposible de alcanzar, más allá de remodelaciones superficiales de la radio y televisión enemigas, nacidas bajo el legado de aquellos tiempos fundacionales cuando Radio Swan, además de arruinar el entorno de la homónima Isla, contaminaba el éter con sus primeras mentiras.


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